Domingo 2 de Agosto de 2009
Jon Krakauer, el gran cronista de la aventura
Entrevista exclusiva al famoso escritor y periodista, autor de los legendarios libros Into the wild e Into the thin air.
Por Robert Boyton, director del Departamento de Periodismo Literario de la New York University El orgullo de Jon Krakauer quedó herido por la reacción de su editora ante el borrador de su libro Under the Banner of Heaven (2003). Después de Into the Wild (1996) y más tarde Into Thin Air (1997), dos best sellers de aventuras, la editora estaba desconcertada por este relato gris acerca del mormonismo y de un asesinato ritual ocurrido en 1984. "¿Dónde están las montañas?", preguntó.
Lo que ella no entendió fue que Under the Banner of Heaven era una continuación de los tópicos centrales de Krakauer: el delicado equilibrio entre la fe y la razón visto a través de individuos que son atraídos a los extremos, ya sea que se trate de jóvenes idealistas, escaladores de montañas o fanáticos religiosos. En vez de reescribir su libro, Krakauer cambió de editorial y Under the Banner of Heaven se convirtió en su tercer superventas.
Krakauer le ha dado un giro personal a la tradición estadounidense del género de aventuras. Su identificación con los temas, su intenso involucramiento personal, distinguen su escritura. Ese camino fue marcado desde su niñez: en 1954, cuando tenía ocho años, su padre lo llevó a escalar el South Sister (en Oregon), de tres mil metros de altura, despertando en él la obsesión por el montañismo. Después de la universidad (es licenciado en estudios ambientales), Krakauer trabajó como carpintero y pescador para financiar sus viajes. En 1974, el periódico del Club Alpino Americano le pidió que escribiera sobre su escalada a tres cumbres inexploradas en Alaska. La publicación le generó nuevos encargos, en particular para la revista Outside, y en 1983 Krakauer renunció a su trabajo como capataz de construcción para concentrarse en la escritura. Así fue como se encontró con su primera gran historia.
En 1992, unos cazadores hallaron el cuerpo de Chris McCandless en Alaska. Outside le pidió a Krakauer que escribiera sobre este joven, con quien se parecía un poco: cuando era joven, Krakauer hizo un ascenso solitario muy peligroso al Devil's Thumb, una remota cumbre de Alaska y una hazaña que muchos consideraron suicida, empujado quizás por la misma fuerza inexplicable que llevó a McCandless al límite.
Después de que se publicó el artículo de Outside, Krakauer pasó dos años más reconstruyendo la ruta de McCandless, para escribir su libro Into the Wild. Así nació su primer best seller.
El 10 de mayo de 1996, Krakauer escaló hasta la cumbre del Everest con una expedición de veintitrés personas. Una tormenta de nieve y los errores cometidos por los guías de varias cuadrillas provocaron la muerte de ocho personas. Krakauer sobrevivió apenas. Publicó el artículo en Outside (ganó el National Magazine Award de 2006), pero luego descubrió que había errores significativos que quería corregir. Hizo más entrevistas, sopesó relatos contradictorios de la escalada y revisó bitácoras de radio de los campamentos base en busca de la verdad. El resultado: Into Thin Air, que estuvo en la lista de los libros más vendidos por dos años y fue finalista de los premios Pulitzer y National Book Critics Circle.
Sus éxitos hicieron rico a Krakauer, dándole la libertad de concentrarse en su siguiente libro. Under the Banner of Heaven está motivado por preguntas profundamente personales: "No sé si Dios siquiera existe, aunque confieso que a veces me descubro rezando en momentos de gran temor, o desesperación, o asombro ante un despliegue de belleza inesperada".
-¿Qué ideas te atraen?
-Me intrigan los fanáticos, gente que es seducida por la promesa o por la ilusión de lo absoluto. Gente que cree que lograr una meta absoluta, digamos, o adoptar una verdad absoluta, los llevará a la felicidad, paz, orden, o lo que sea que ellos más deseen. Los fanáticos tienden a ser ciegos a la ambigüedad o complejidad moral, y siempre tuve una fascinación por los individuos que niegan la contingencia inherente a la existencia; a menudo para su propio peligro y poniendo en riesgo a la sociedad.
-¿Cómo decides si seguir adelante con una historia?
-Escribir un libro es tan difícil y doloroso -demanda un compromiso tan grande en tiempo y energía- que no me embarco en uno a no ser que el tema me tenga agarrado de la garganta y no me suelte. Por ejemplo, después de que escribí sobre Chris McCandless para la revista Outside en 1992, descubrí que no podía sacarme a este chico de la cabeza. Un año después de que entregara un manuscrito de 65 mil palabras, un eminente editor envió a mi agente una carta explicando que el manuscrito era muy defectuoso, quizás incluso impublicable. Eso fue un gran golpe. Afortunadamente, otra editora convenció a su jefe de que le diera una oportunidad.
Este es un negocio frío y caprichoso. Tienes que poseer al menos un mínimo de talento, pero quizás es incluso más importante ser testarudo y determinado y, sobre todo, suertudo.
-¿Eres siempre tan testarudo?
-No. Una historia que abandoné -después de mucho reporteo e investigación- era sobre tres renegados antigobierno en la región de Four Corners que abatieron a tiros a un policía con armas automáticas. La policía los siguió hasta el desierto, donde dos de ellos murieron. El tercero nunca fue atrapado. Me fascina el desierto y lo pasé maravillosamente investigando la historia, pero el protagonista -el fugitivo que aún podría estar vivo- no me era lo suficientemente simpático como para dedicar años de mi vida a escribir sobre él.
-¿Es lo agradable un criterio al decidir escribir sobre alguien?
-No exactamente. Dan Lafferty no es muy agradable y es la figura central en Under the Banner of Heaven. Pero lo encontré complejo e intrigante. El fugitivo cuya historia abandoné carecía de la complejidad moral y profundidad para sostener mi interés. Aunque Lafferty es abominable bajo muchos puntos de vista, hay aspectos de él que encuentro fascinantes, incluso con los que puedo empatizar. Nos dice algunas cosas muy perturbadoras sobre nosotros mismos.
-¿Dónde y de quién aprendiste a reportear?
-Me convertí en periodista a principios de los 80, cuando me encontraba en quiebra y sin trabajo: era carpintero en ese tiempo y la industria de la construcción había caído en una terrible recesión. Me acababa de casar y mi esposa tampoco tenía un trabajo remunerado. Fui rescatado por mi amigo y compañero de montaña David Roberts, que había dejado la academia hacía poco para convertirse primero en editor de la revista Horizon y después en escritor freelance. Me decía, "las revistas te pagan por viajar a lugares interesantes y hablar con gente interesante. Sólo empieza a hacerlo. Aprenderás cómo en el camino".
-Te involucras con tus sujetos. ¿Cómo mantienes suficiente distancia para escribir sobre ellos?
-La relación escritor-entrevistado siempre está llena de complicaciones espinosas. Ese libro de Janet Malcolm, The Journalist and the Murderer, debería ser un texto obligatorio en todas las escuelas de periodismo. Su primera línea -"cualquier periodista que no sea tan estúpido o tan egocéntrico como para no darse cuenta de lo que pasa, sabe que lo que hace es moralmente indefendible"- es intencionalmente dura y provocativa, pero contiene más verdad de lo que admite la mayoría de los periodistas. El escritor es un estafador. El periodista nunca tiene ninguna intención de contar la historia que el entrevistado quiere que se cuente. Tu trabajo es contar la historia como tú la ves. Una vez que la persona ha hablado contigo, ha renunciado a todo control. Por el bien de mi propia conciencia, trato de empezar casi todas mis entrevistas citando esa infame primera línea de Malcolm. Le digo a la persona que estoy entrevistando que no tendrá control sobre el proceso, que no le voy a mostrar el artículo antes de la publicación, que me dirá cosas de las que se arrepentirá... ¡y nada de eso nunca detiene a nadie!
-¿Cuál es la ética de una situación como aquella en que te encontraste al escalar el Everest?
-Esas fueron circunstancias excepcionales. Dos expediciones comerciales en competencia me cortejaron porque pensaron que el artículo resultante sería buena publicidad. Yo les dejé en claro a los dueños que si iba, describiría el ascenso exactamente como lo viera y que ellos no tendrían control sobre lo que yo escribiera. El problema fue que los líderes de las expediciones nunca les dijeron a sus clientes, que pagaban, que habría un periodista escalando con ellos. Al principio, la mayoría de los clientes estaba encantada de que yo estuviera documentando su ascenso. Después de que las cosas salieron mal, hice exactamente lo que siempre dije que haría: conté lo que pasó. Y eso dejó profundamente descontentas a algunas de las personas sobre la que escribí.
Aunque todavía me siento terrible por mi complicidad en las muertes -y pienso que todos los que estuvimos ahí ese día compartimos alguna culpa por lo que pasó- no me siento culpable por haber escrito sobre el desastre. Lamento profundamente haber ido al Everest en primer lugar, pero habiendo ido, estoy contento de haber escrito el libro.
-¿Cómo logras que la gente te haga confidencias?
-Por alguna razón, la gente me ve como inocuo e inofensivo, así que me cuenta toda clase de cosas que no son favorables a su propio interés. Mucha gente de la que escribo ha sido marginada de algún modo, como los mormones fundamentalistas, que viven fuera de las normas de la sociedad de clase media. Yo fui carpintero y pescador, he cargado bencina, he trabajado en un hospital siquiátrico, una fábrica de cartones alquitranados, una enlatadora. Cuando estoy en una construcción puedo hablar sobre láminas asfálticas y sierras circulares. He pasado gran parte de mi vida laboral compartiendo con gente como ésa. En general estoy cómodo con ellos y ellos a su vez están cómodos conmigo.
-¿Crees que la investigación periodística puede llevar a la verdad?
-Puede arrojar una luz sobre la verdad, pero nuestro entendimiento de la verdad es siempre cambiante y a menudo contradictorio. Aunque yo pueda tener mi propia noción de dónde está la verdad, y siempre vaya muy lejos para reportear los hechos tan cuidadosamente como pueda, acepto que nada que yo escriba será la última palabra. Sin embargo, aspiro a persuadir a los lectores a ver las viejas verdades bajo una luz escéptica y al menos considerar otras perspectivas nuevas que creo que tienen más mérito.
Sus librosInto the wild, Into Thin Air y Under the Banner of Heaven están en inglés en Amazon.com. El primero, traducido al español como Hacia rutas salvajes, está agotado en Chile. La película Camino Salvaje, basada en el libro y dirigida por Sean Penn, se arrienda en Blockbuster y Bazuca.
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